Camboya para llevar

Con las prisas y las pocas ganas de cocinar, han llegado hace relativamente poco a nuestro entorno los envases de comida y bebida para llevar. Se han incrustado poco a poco, y casi sin notarlo, en nuestro café (aquel que tomábamos sentados con el vecino en el bar de abajo cada mañana); en nuestra mesa (aquella que preparábamos con la abuela mientras aprendíamos sus recetas) y, por supuesto, en nuestra compra, que huele más a plástico que una Barbie recién sacada de su caja.

Hemos ido ganando plásticos, tóxicos y basura a medida que, sin darnos cuenta, hemos perdido autenticidad y experiencias. En mi camino contra esta oscura metamorfosis a robot he tenido la oportunidad de visitar recientemente Camboya, uno de los países más pobres de Asia y un gran desconocido para la mayoría de los occidentales.

Iba sobre aviso, el tema del plástico en Asia es mil veces más grave que en Europa, sin embargo, ninguna pesadilla se acercó a la realidad de las cunetas de Battambang (ciudad al Oeste de Camboya) y de sus pueblos.

Para empezar a entender la problemática del país he de resaltar la ausencia casi total del concepto de higiene. La limpieza y pulcredad no está valorada ni en la calle, ni en las casas. A su favor he de decir que va primero el arroz que tener un patio bonito y limpio pero, aquí empieza el círculo vicioso y del que se aprovechan sin duda cientos de miles de empresas.

La educación en Camboya es pobre, no es obligatoria y la mayoría de niños de zonas rurales jamás van a la escuela a no ser que alguna ONG colabore creando un centro educativo. Partiendo de esta base es difícil plantearse una educación medioambiental, pues no existe la educación básica. Aún así, diversas ONG implantan medidas en sus proyectos como recogidas de plásticos del plagado suelo, uso de pajitas reutilizables y uso responsable de recursos.

El plástico ha llegado antes que el sistema de recogida de basuras y eso ha sido el principal determinante de la catástrofe medioambiental. Los camboyanos han tirado durante décadas su basura al suelo, allí se descomponía o era comida por animales, ahora se amontona ahogando ríos y lagos, montes y cunetas. Basura que nadie, nunca, va a recoger.

Los cafés para llevar con su vaso, tapa, pajita y todo ello en una bolsa de plástico son la norma entre los urbanitas de las ciudades. Muchos de ellos tiran el envase al suelo cuando se acaban el café.

El agua corriente en Camboya no es potable, todo el agua para consumo viene en garrafas o botellas de plástico.

Existen cientos de detalles como estos que hacen muy difícil, por no decir imposible, un desarrollo sostenible en países sin desarrollar. Las cosas buenas de los países del primer mundo suelen llegar con mayor dificultad que las negativas.

Autora: Patricia Fierro @mmecachis