La necesidad del ser humano de pertenecer a un grupo es algo que nos viene dado por nuestra condición animal. Somos animales sociales, necesitamos estar cerca de los demás para sentirnos útiles, queridos y acompañados, y en definitiva, para que nuestra vida sea agradable. La soledad implica tristeza, aburrimiento y desazón. Es por eso que, en muchas ocasiones, buscamos más allá de nuestro grupo familiar a otras personas con nuestras mismas inquietudes, con las que compartir espacio y tiempo, intercambiar opiniones, realizar actividades o defender una idea.

Así se forman las asociaciones, personas que de forma voluntaria deciden formar un grupo con unos objetivos establecidos. Hoy en día hay multitud de asociaciones, ya sean asociaciones profesionales, deportivas, juveniles, de estudiantes, culturales, medioambientales, etc.

Bien, toca hablar un poco de mí. Mis gustos o inclinaciones personales siempre han estado del lado de la madre Naturaleza y sus “habitantes” los animales.

Cuando era pequeña me pasaba el día como una girl scout inventándome situaciones de supervivencia y salvando animales imaginarios en peligro. Supongo que ver los capítulos repetidos del Hombre y la Tierra y el querer ser veterinaria “de mayor” ayudó mucho a mis fantasías.

Ya un poco mayor, con una bolsa en una mano y un palo en la otra, me recorrí los caminos de alrededor de mi pueblo recogiendo toda la basura que me iba encontrando, para después escuchar a los “paisanos” que no entendían por qué recogía esa basura. No os imagináis la cantidad de cajetillas de tabaco que hay tiradas por el monte en un Parque Natural.

También cuidaba de cada perro desamparado que aparecía y le daba de comer a escondidas porque no lo querían en casa o cerca de ella. Con lo que no contaba yo, era con que con una vez que le diera de comer ya sería mi amigo para siempre… y mi familia me descubría. Recuerdo también esa gata que observaba de lejos para ver donde había dado a luz a sus gatitos para manosearlos un poco y que los cambiara de lugar, y así, evitar que “alguno” llegara detrás para deshacerse de ellos. Es curioso, la cantidad de vidas felinas que se quitaron hace años y ahora claman por que haya algún gato que controle la plaga de ratones que hay en el pueblo, ¿será el karma?

También cuidaba de cada perro desamparado que aparecía y le daba de comer a escondidas porque no lo querían en casa o cerca de ella. Con lo que no contaba yo, era con que con una vez que le diera de comer ya sería mi amigo para siempre… y me descubrían.

Supongo que a los que estéis leyendo esto también os habrá pasado, que habéis formado una pandilla de amigos insuperable, bien sea por ir juntos al colegio, al instituto, por vivir en el barrio, etcétera. Amigos que queréis con locura y con los que os lo pasáis genial juntos pero, que en un momento determinado de vuestras vidas, os dais cuenta que no tenéis los mismos intereses.

Es en ese momento, cuando sientes la necesidad de vincularte con algo, de pertenecer a ese grupo con ideales similares a los tuyos.

¿Por qué os hablo de esto?

Conocí a Biodevas a través de un anuncio de periódico: unos chicos muy jóvenes habían limpiado el prao donde se celebra la Frikiparty de las fiestas de Santa Isabel de Lugones después de que pasado un mes no se hubieran recogido los residuos. La noticia me impactó. A lo mejor no os parece especial pero en este mundo individualizado en el que vivimos, es muy importante leer que a tres chicos no solo les interesa, sino que se ponen manos a la obra, en la limpieza de unos residuos que ellos no han generado, que no les pagan por hacerlo, que lo hacen por su satisfacción personal de ayudar a que este mundo sea mejor. Esa noticia merecía toda mi atención. Empecé a seguirles en Facebook y más adelante les acompañé en una salida organizada por SEO/Birdlife para observar aves y erradicar plantas invasoras en el entorno de la ría de Villaviciosa. Desde entonces y hasta ahora pertenezco a un proyecto en el que creo.

En abril de este año formé junto con otras personas, mi propia Asociación Protectora de Animales BeneCane. Creo que las mal consideradas mascotas (perros y gatos principalmente) son los grandes olvidados. Ellos pagan una pena impuesta por el solo hecho de existir. Forman parte del capricho de muchas personas y después pasan a engrosar el número de abandonos (vergonzosamente alto) de nuestro país. Se les conmina a una vida entera enjaulados para terminar muriendo solos o por decisión de una persona para la que son solo un número.

En nuestra asociación fomentamos la adopción; (comprar un animal es contribuir a la cosificación del mismo, no son objetos), y la esterilización; ya que se abandonaron más de 137.000 animales en 2016 según datos de la Fundación Affinity. Creemos en lo que hacemos y ayudamos en lo que podemos.

Relacionado con esto último, me gustaría destacar que cuando entras a formar parte de asociaciones de este tipo, que van más allá de la mera realización de actividades lúdicas o recreativas, siempre empiezas con unas ganas enormes de “arreglar el mundo”. Pero no se trata de hacer grandes cosas, sino de que todos hagamos cosas pequeñas que juntas formarán algo grande.

No te desanimes. Piensa en una de mis frases favoritas, “salvar a un animal no cambiará el mundo, pero sí cambiarás su mundo”.

Animo desde aquí a todos los que estáis leyendo mis palabras a dar el paso y se unan a la asociación que mejor encaje con ellos. Lo importante es hacer algo, no estar parados, no ser indiferentes.

Termino mi relato con una frase de Martin Luther King:

Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos.