En conmemoración del día Mundial de la Salud, desde Biodevas os hemos animado a realizar una pequeña ruta para mantenernos en forma aprovechando las fascinantes vistas que nos provee el concejo de Aller.

En torno a las 11:00 horas, nos apeamos antes de llegar a Felechosa, en el pueblo de Pino, inicio de la ruta PR AS-31 “Foces del Pino”. Nos preparamos un poco y tras una pequeña charla a las 11:30 ya estamos en marcha. Nos adentramos en el pueblo en dirección al río San Isidro. Una vez cruzado, viramos a la izquierda y nos adentramos en el valle del río Pino, encontrándonos con la oxidada Fuente de la Salud. El día está precioso, aunque nublado, con una temperatura agradable, así que resulta cómodo caminar.

Cuando alcanzamos con la vista el tejo del Molín del Peón, observamos otro puente que cruza el río Pino. Ya en el molino, realizamos una parada para contemplar el edificio, el cual albergó en el pasado una mini-central eléctrica, además de las instalaciones propias de la molienda. Vemos un letrero que nos informa que para llegar a las Foces tenemos que caminar tres kilómetros, así que tras sacar unas fotos y cotillear un poco cruzamos el puente y comenzamos a caminar cuesta arriba por una pendiente que parece empeñarse en acompañarnos un rato.

No dejamos de subir en casi toda la ruta

 

La buena temperatura hace que pronto tengamos que aligerar ropa, hacemos un alto en el camino para ello. Acabamos de colocar todo el petate y al poco alcanzamos la majá de Coes, casi justo donde empieza una cuesta de unos cien metros y cuarenta metros de desnivel positivo. Ahora, a nosotros, ya no nos parece tan pindio, además tras superarlo tienes el premio de la fuente de Las Gavilanzeras, donde Jose Carlos no se resiste a echar un trago de fresca agua.

Ángel frente a la fuente de las Gavilanzeras

A doscientos metros del húmedo regalito, nos encontramos otros, pero de carácter visual, en forma de precioso tejo, que merece toda nuestra atención. En este punto también nos encontramos otro letrero indicador que nos dice que solo falta un kilómetro para alcanzar las Foces.

Jose Carlos bajo el tejo

Seguimos subiendo y al poco enfocamos las peñas que forman las Foces, la peña Panda a la derecha y la de Pandos a la izquierda. Nosotros pasamos por el medio, recreándonos en el entorno viendo cómo baja el río metiendo ruido. Ahora lo volvemos a tener cerca, como al inicio de la ruta.

Río Pino, a nuestro lado en el desfiladero

Hasta ahora el río, aunque sonoramente, siempre lo hemos tenido como compañero de nuestra marcha, pero en este último tramo se muestra más cercano. Caminamos pegados a él, en toda su dimensión y belleza. El estrecho camino está flanqueado por grandes y verticales farallones rocosos. Aunque la longitud del desfiladero no llega a los mil metros, no se recorren rápidamente puesto que nos paramos una y otra vez, a la vuelta de cada recodo. En este momento nuestro compañero de aventuras Ángel nos cuenta algunas curiosidades sobre la formación de estas enormes paredes rocosas de caliza, las cuales se generaron a través de millones de años debido al movimiento de las placas tectónicas de los distintos continentes bajo tierra.

Compartiendo sabiduría

Una vez atravesado el desfiladero, en pindia y zigzagueante subida ponemos rumbo a Caniecha. Esta rápida ascensión nos permite obtener unas impresionantes panorámicas de la pareja de picos que hay en la vertiente sur de Las Foces, realmente todo un espectáculo. Nos detenemos a comer en un alto, donde tenemos vistas al río, las nevadas montañas delante de nosotros, y parte del desfiladero.

Fotografía desde el alto

Cuando llega la hora de regresar, nos alegramos de que este sendero sea lineal y haya que regresar por el mismo sitio que hemos recorrido a la ida. Disfrutamos dos veces de las foces del Pino.

Sobre el antiguo puente de piedra, símbolo de la importancia de este camino

Galería de imágenes

Como en anteriores actividades, os dejamos a continuación el enlace a la galería de fotos completa: Google Photos – Foces del río Pino

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